Es 1996. Nassim Taleb es un joven peculiar; no se podría esperar menos de quien escribiría “El Cisne Negro”: libanés, griego ortodoxo y empirista que afirma que no hay que fiarnos de la experiencia; amante de Bach y admirador de Kavafis. En su empresa, Empirica, donde negocia opciones, afirma severamente: “Todo aquello que pueda probarse debe ponerse a prueba”.
Taleb y su equipo en Empirica son cuánticos, pero rechazan la cuántica ortodoxa: opinan que la bolsa no se rige por fenómenos físicos como las estadísticas, debido a que los inversores cambian de opinión, se copian unos a otros y son presa del pánico. A diferencia de las leyes físicas, las reglas del juego de los mercados pueden cambiarse; los bancos centrales y los gobiernos pueden faltar a sus compromisos.
A diferencia del inversor promedio, Taleb lucha diariamente contra la agradable ilusión de estar progresando, mientras ve un poco demasiado Bloomberg y se desangra poco a poco, intentando convencerse de que lo mejor es esperar, luchando entre la cabeza y el corazón.
Una experiencia ayuda a explicar el porqué de su lucha interna.
Taleb trabajaba como trader en Chicago y tenía la garganta continuamente ronca; atribuyó la molestia a los gajes del oficio. Cuando decidió ver al médico, mientras esperaba en el despacho observando y releyendo los diplomas de la pared, el médico apareció con su diagnóstico y le dijo: “Tengo el informe de patología, no es tan grave como parece…”. Tenía cáncer de garganta.
Salió de allí. Llovía. A Taleb se le apagó la mente; nada tenía sentido. El cáncer de garganta era la enfermedad de alguien que había fumado como una chimenea, y él era joven y apenas si fumaba rara vez. Su riesgo de contraer cáncer de garganta era de una posibilidad entre 100 000: él era un cisne negro. Taleb venció hoy el cáncer de garganta, pero, en su recuerdo, afirma: “Cuando eres un cisne negro, es fácil imaginar que aparecerá otro en el mismo lago”.
Taleb nunca se creyó invulnerable; por tanto, no había ninguna alternativa al doloroso proceso de blindarse contra las catástrofes. La prudencia parece aburrida: socialmente asociamos la valentía a la capacidad de sufrir un gran fracaso o de renacer de una catástrofe. Pero, para Taleb, hay más coraje en desafiar el impulso humano.
En septiembre de 2001, mientras todos apostaban a que los mercados seguirían en calma, dos aviones chocaron contra las Torres Gemelas de Nueva York: un acontecimiento totalmente inesperado. Un cisne negro.
Estas ideas las extraje de una recolección de ensayos de Malcolm Gladwell; si nos medimos en ciertos parámetros estadísticos generales somos unos más del promedio, visto desde otros parámetros específicos todos somos un cisne negro, identificar el propio es tarea particular.